El Origen

La Herencia del Abismo

Por Jesús Andrés Sánchez López | 5 de Febrero, 2026

Atardecer en el océano Pacífico

El oxígeno que tu corazón consume para latir no nació del abrumador verde que encierra el camino. Antes de envolver al planeta y llenar tus pulmones, ese aire tuvo su origen en el abismo.

Bajo la presión y la oscuridad del océano, una ardiente y microscópica maquinaria trabaja para que nosotros, habitantes de la Tierra, podamos seguir viviendo.

La Deuda de los Árboles

Los árboles, monumentos que se paran firmes en el horizonte, generan una deuda que debe ser pagada en la misma tierra que los vio nacer. Cuando un árbol en el Amazonas cede y muere, cae al suelo donde es descompuesto por voraces bacterias y hongos, que necesitan el mismo oxígeno que el árbol produjo en vida.

Es un ciclo de suma cero. Pero en el mar, las reglas cambian.

Olas rompiendo en la costa del Pacífico
El verdadero pulmón del planeta no es verde, es azul.

El Legado del Prochlorococcus

En el abismo reina el Prochlorococcus, una cianobacteria diminuta responsable de producir casi el 20% del oxígeno de toda la Tierra. Su vida es efímera, viven rápido y mueren jóvenes. Cuatro días son necesarios para reiniciar el sistema.

Al morir, la mayor parte es comida y respirada por otros seres, pero unas pocas partículas escapan. Encuentran su féretro, su tumba en el fondo del abismo, donde quedan enterradas por millones de años.

"El carbono encerrado ya no puede reclamar a su hermano, el oxígeno, quien ahora queda libre para cumplir su deber llenando una atmósfera que se termina."

Respirando el Pasado

El oxígeno que te da vida en este momento, que llena tus pulmones, no se produjo ayer u hoy. Estamos respirando la herencia milenaria de microorganismos de otra era.

El fitoplancton de hoy está trabajando para dejar su herencia a los seres vivos dentro de 10,000 años. Recibimos el mundo directamente de las manos de quienes recorrieron la Tierra antes que nosotros. Inhalamos oxígeno que no producimos.

¿Somos dueños de la herencia de los microorganismos o solo un temporal engranaje en su maquinaria? La llama que enciende los motores sucumbe ante el frío del abismo si dejamos de alimentar el fuego.

Cargamos con el futuro de este mundo. Una carga de infinito peso. Las acciones que se tomen hoy pueden continuar con el legado de millones de años o ser la corriente que estrangule a quienes hereden el mundo.

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